Poco a poco, los países de América Latina y el Caribe buscan la manera de restablecer la normalidad tras la pandemia del COVID-19, siguiendo el ejemplo de China, y algunos países que conforman la Unión Europea. En este contexto, el panorama del mercado laboral genera preocupación por el aumento del desempleo y la destrucción de empleos por cuenta de las medidas adoptadas para contener y mitigar la pandemia. No obstante, este año también hemos visto cómo el teletrabajo ha permitido mantener las operaciones de muchas instituciones gubernamentales y empresas, ganando mayor visibilidad y respaldo en la medida en que ha sido clave para preservar puestos de trabajo.

A escala global, el tráfico de datos para aplicaciones utilizadas en teletrabajo aumentó en un 324% entre el primer y el segundo trimestre de 2020. En nuestra región, las descargas de estas aplicaciones se multiplicaron 20 veces entre enero y marzo, aun cuando solo el 21,3% de la población ocupada laboralmente se desempeña en actividades que puedan realizarse de manera remota. Así, aunque esta forma de organización laboral no es una novedad en el mundo ni en la región, es inevitable pensar que el teletrabajo ha llegado para quedarse, y la pandemia parece haber tenido un efecto en la necesidad de establecer las condiciones y regulaciones adecuadas para su implementación.

Desafíos para trabajadores, empresas y gobiernos

A pesar de su impacto negativo sobre varios sectores económicos, la pandemia ha impulsado numerosos avances regulatorios en materia de teletrabajo en la región. Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Panamá han realizado reformas a su legislación o han expedido leyes desde que se tomaron las primeras medidas para enfrentar los efectos de la pandemia en los mercados laborales. Con ellas, se establecieron bases jurídicas para que el teletrabajo deje de ser una excepción o posibilidad y se convierta en una modalidad formal de trabajo. Por su parte, Colombia, Brasil y Perú adoptaron medidas temporales para modificar las regulaciones que tenían en esta materia desde antes que iniciara la pandemia. Por ejemplo, Colombia flexibilizó algunas normas requeridas para el teletrabajo pre-pandemia, como, por ejemplo, la necesidad de una visita física para verificar las condiciones de trabajo que puedan generar riesgos en seguridad y salud ocupacional. A pesar de estos avances, los trabajadores, las empresas, y los gobiernos enfrentan una serie de retos para seguir expandiendo el teletrabajo: 

•             Desafíos para los trabajadores: En la medida en que se recopile más información, se podrá determinar de qué manera el teletrabajo favorece o no el balance vida-trabajo. Ya sea desde su casa o un lugar adecuado para cumplir con las asignaciones laborales, los teletrabajadores pueden ser más productivos y eficientes, como ha sucedido en Países Bajos. Sin embargo, también se ha visto que la obligación de trabajar remotamente ha significado jornadas más largas y conflictos con actividades domésticas como el cuidado de los hijos. La Organización de Naciones Unidas señala, a partir de un estudio del Fondo Monetario Internacional, que mujeres y jóvenes en países emergentes como Chile y México enfrentan mayores dificultades para teletrabajar dado que sus trabajos se concentran en sectores afectados por la pandemia, y también porque continúan siendo las principales responsables del hogar. Es por eso que países como Francia, España y Chile han consagrado el derecho a la desconexión digital.

•             Desafíos para las empresas: Para muchas empresas el teletrabajo no es una novedad, pero para otras la pandemia llevó a que se acelerara la implementación de esta modalidad. Ahora bien, no todas las empresas tienen la capacidad de brindarle a sus empleados las herramientas de trabajo que se requieren para realizar sus trabajos, especialmente las pequeñas y medianas empresas que concentran el 60% del empleo en la región y enfrentan mayores restricciones de acceso al crédito. Esta situación ha generado riesgos potenciales para la seguridad de la información. Si no existe un control de los accesos, la probabilidad de afectar la red de la empresa es alta, por lo que se requiere de una inversión amplia en equipos y sistemas para la ciberseguridad que garanticen prácticas laborales seguras. Adicionalmente, la nueva realidad exige una mayor atención a la manera en que se diagnostican y atienden los riesgos laborales, en la medida en que los teletrabajadores se encuentran en entornos que no cuentan con inspecciones por parte de las entidades responsables de la valoración de riesgos.

•             Desafíos para los gobiernos: A pesar de los avances en la regulación por cuenta de la pandemia, los gobiernos se enfrentan a retos como la fiscalización del cumplimiento de las normativas creadas para permitir el teletrabajo. Asimismo, es necesario que los países tengan en cuenta la regulación de los derechos laborales de los teletrabajadores (por ejemplo, jornadas de trabajo y afiliación a sindicatos). Por otra parte, y en una labor conjunta con las empresas de comunicaciones y tecnología, es imperativo establecer las condiciones para mejorar la conectividad de las empresas y los hogares para alcanzar los estándares que requiere la implementación de esta modalidad laboral. Por último y no menor, los gobiernos se enfrentan al desafío de adecuar la educación a las necesidades del mercado de trabajo. La alfabetización digital de la población es un tema clave e impostergable.

Trabajar en conjunto para expandir el teletrabajo

Es indudable: la pandemia aceleró la implementación del teletrabajo en el mercado laboral. Ahora bien, los retos para su consolidación como forma de organización laboral persisten, y requieren de una coordinación eficaz entre los actores involucrados para poder superarlos. Solo así se podrá asegurar que el teletrabajo ayude efectivamente a la recuperación económica y laboral de los países de América Latina y el Caribe.

Fuente: https://blogs.iadb.org/trabajo/es/como-expandir-el-teletrabajo-en-america-latina-y-el-caribe/